Adaptarse a la realidad
Soy abogado, ejerzo en Palma de Mallorca, (Islas Baleares). Pero, en este blog, solo excepcionalmente me referiré a cuestiones profesionales. Me interesa la filosofía del derecho y su propósito de justicia; la política, la literatura y la comunicación de ideas. En realidad me interesa todo lo humano. Soy de la generación de quienes creímos en la transición; sus valores y renuncias;y que ahora, por lo visto y vivido estos últimos años, nos sentimos en mayor o menor medida defraudados.
Adaptarse a la realidad
¿Por qué catalán y no balear o …? Sin embargo esa facultad, ese derecho de poner nombre a las cosas, que parece quedó claro, ofrece problemas. Pues entre nosotros hay una serie de personajes, entre los que se encuentran la mayoría de políticos que nos hemos dado hasta hoy, que no nos han permitido y siguen sin permitirnos ejercerlo con relación a una de las lenguas que se habla en esta comunidad. Podemos poner nombre a los continentes y a las estrellas, pero no podemos, a juicio de los nacionalistas catalanistas (hay que llamarles por su nombre), poner nombre libremente a nuestra lengua vernácula, autóctona; o como se quiera decir. Calificada de propia, pero solo para lo que les interesa; como es el condicionarnos y gravarnos esta propiedad. Pero que se pretende (y consigue de facto) que no sea propia para el ejercicio del derecho a denominarla. Debemos denominarla como ellos nos dicten. Nos limitan ese derecho y no solo eso, sino que con unos cuantos sofismas más nos hacen miembros de un cuerpo místico llamado ”Països catalans” construido a partir de esta lengua propia, llamada, sin posibilidad de hacerlo de otra forma sin graves perjuicios morales, lengua catalana. Lengua que, además y ahí está el meollo de la cuestión y de todas las cuestiones que envuelven ese asunto, se constituye metafísicamente como la patria común de todos los catalanohablantes. Aunque algunos todavía no lo sepan, por no haber alcanzado la gracia del “logos” divino.
Pero si el nombre que se adoptara, a partir del título de la obra de Alcover-Moll para la lengua fuera “catalanovalencianobalear”, seguro que se pronosticaría que no tendría éxito. Se diría que hoy en día se tiende a la simplificación. Etc. Mas las partes de este todo, si rigiera la libertad en vez de ser víctimas, de facto, del determinismo, podrían pretender otras combinaciones; buscando la eufonía o simplemente colocarse una delante de la otra (como hacen siempre los catalanes; y no solo esto, sino que quedándose solos, o con la mejor parte, en descarada asimetría).
Podría ensayarse “valenciacatalabaleá” (que no suena mal) o “baleavalenciacatalá” (que por aquí sonaría mejor). O ya que está tan de moda la creación de palabras a través de acrósticos, siglas o abreviaturas ¿por qué no ensayarse las denominaciones “cavaba”, “vacaba” o “bavaca”?.(O tal vez “catvalbal”, “valcatbal”y “balvalcat” y demás composiciones posibles )
Los científicos o expertos…Los que saben dirán que todo esto son barbaridades. Fruto de la ignorancia. Pues, fíjense que ignorancia tan enorme. ¡Hasta sabemos que nos llamarán ignorantes…! y el por qué. (Por decir lo que no toca…) Según aquellos, al nombre de nuestra lengua no podemos decidirlo sus propietarios; los que la tenemos como propia. Solo pretenden permitirnos que sea propia, en definitiva para imponernos la exclusión o supresión gradual (que se produce en la medida que se ignora) de la otra que también la mayoría; de momento; la tenemos como propia (que es la española, también llamada, y no pasa nada, castellana). Propia porque nos da la gana que lo sea. Porque propio es lo que uno se apropia… El nombre de las cosas, hay que decirlo y repetirlo las veces que haga falta, no está predeterminado por la naturaleza, es fruto de la voluntad o, mejor dicho, del consenso de voluntades en llamar algo de determinado modo.
Pero el problema está ahí; porque entre los lingüistas hay demasiados “teololingüistas”, que hacen de la lengua una teología. Por lo que no explican realmente la lengua, o no solo eso, sino que predican sus verdades. Los expertos, llamados tecnócratas durante la dictadura de Franco vuelven a estar entre nosotros y atacan de nuevo. Nuevamente se extralimitan. Está visto que pasarse es una tendencia natural en ellos.
- "Tenía 14 años, no íbamos a la escuela, sino al Odeón, al Panteón, escuchábamos discursos...” (Muchos podrían describirla así).
Un capítulo de la historia terminó y se abrió otro. Las relaciones sociales ganaron en autenticidad a partir de aquel acontecimiento. La hipocresía en las relaciones sexuales cedió hasta el cinismo de la reivindicación de las relaciones homosexuales. La eclosión de libertad individual posibilitó el respeto a lo impensable hasta entonces: las minorías culturales, las músicas nuevas. El poder negro se alzó con Jhon Carlos y Tommy Smith, en la Olimpiada de México, cuando desde el podium de vencedores, al sonar el himno nacional U.S.A. e izarse la bandera americana, agacharon la cabeza y levantaron sus puños enguantados, en imagen que conmovió el mundo. Era dos meses después. Era julio de 1968.
La música de la época era el rock. Sin olvidar el folk. Los cantantes de protesta eran como los grandes directores de coros multitudinarios que cantaban “no nos moverán”. La música catalana tuvo un importante papel con Raimon, Serrat, Llach, los “16 Jutges”. Los poetas cogieron la guitarra, y muchos quisieron ser poetas...
Nos llegaban noticias de que estudiantes franceses escribían frases en los muros de las facultades. "Tomo mis deseos por realidades porque creo en la realidad de mis deseos”, “Sed razonables, pedir lo imposible” y la tremenda “Imaginación al poder”. Se hizo poesía mural. La poesía es indudablemente “un arma cargada de futuro”. La revolución esta vez también venía de Francia, pero en forma de poesía.
A aquellos jóvenes, Jean Paul Sastre les decía que aunque tuvieran muchas más ideas que sus mayores, tenían una imaginación limitada, como todo el mundo. Jean Paul Sastre rechazó, testimonialmente, el Premio Nobel que la Academia Sueca le concedió, mientras los estudiantes de derecho de Nanterre escribieron en los muros de la facultad: “Le droit bourgeois est la vaselina des enculeurs de peuple”, y una fraseología revolucionaria entró en el lenguaje común de la mano de trosquistas y maoístas.
Ahora aquellos jóvenes, son –somos- la generación en el poder. Y, ya lo dijo Jena Paul Sastre. Se pueden tener más ideas, pero la imaginación está limitada. Deberíamos empezar por cuestionarnos ¿qué es la imaginación? Y seguir cuestionándolos, que son las ideas, ¡y la ideología!. Por lo menos, desde entonces y en el momento actual.
Dany Cohn Bendit en un libro (“Nous l’avons tant aimée, la revolution”) que reproduce entrevistas a líderes obreros y estudiantiles de aquella época recoge testimonios valiosísimos para comprender aquella época y en realidad el tiempo en que vivimos. Serge July dice que “el izquierdismo tuvo el mérito de destruir todas las ideologías de vanguardia”. Otros se expresan justificando el pragmatismo diciendo algo así como que si unas ideas no sirven, porque no se pueden llevar a la realidad, lo mejor que puede hacerse es cambiarlas...Cuando lo leí pense en el “gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones” de nuestro Presidente González.
En realidad, lo que podía haberse dicho en conclusión, dramática para los que creyeron que mayo fue una revolución y sus gentes revolucionarios, y podemos hacer decir al personaje que estuvo en aquella marcha revolucionaria y hoy detenta el poder.
"¿Para qué hacer la revolución, si ahora mandamos nosotros?."
Mas, como yo también soy, en cierto modo (y como todos los de mi generación,) un poco del 68, cuando teníamos veinte años, y la poesía me impresionaba más, no se si será verdad lo que escribe Milan Kundera en la “imsoportable levedad del ser”, pero me fascina cuando dice: “Lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre solo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto”. Palma, a 22 de Mayo de 1988. (Ayer estuve en el concierto de Leonard Cohen).
Los efebos de mayo, treinta años después
Por aquí, entonces, no era fácil enterarse, verdaderamente, de lo que ocurría por el mundo; ni era posible interpretar correctamente los acontecimientos que vivíamos. ETA, por ejemplo, empezó a matar (el 7 de junio de aquel año), y casi nadie pensaba que siguiera haciéndolo después de recuperar la democracia. Nos pasó casi todo inadvertido. El izquierdismo divino era tan reduccionista como el franquismo, aunque al revés y aunque aquí tuviera menos alcance social. Unos y otros ocultaban y sesgaban.
En mayo del 68 no tuvo lugar ninguna revolución (en el sentido clásico del término), porque nada cambió profundamente; solo se remozó, se maquilló, se dejó crecer el pelo. Se expuso con algarabía lo que incorporaban a la conciencia burguesa los hijos de la familia. Fueron los efebos de mayo. Se puso de manifiesto que las cosas pueden cambiar aparentemente (es una de las formas de cambiar) por la fuerza del lenguaje. Los hijos de papá, universitarios y lectores de Mao Tse Tung, cantando la Internacional ejercían la solidaridad de que eran capaces.
Después de gritar consignas maoístas y cantar los himnos revolucionarios, podrían, como pudieron, llegar más tranquilos de conciencia a las cátedras, a los consejos de administración y a los escaños de la política donde ahora se encuentran confortablemente instalados. Las cosas nunca más serían iguales (lo ha repetido ahora, Dany Cohn-Bendit, eurodiputado por los Verdes). Las cosas nunca son iguales. No es lo mismo disfrutar de un "statu quo" sin haberlo criticarlo nunca que habiéndolo hecho. Ahí está la diferencia. Aunque sea cínica, es diferencia. No la hay, sin embargo, en lo que han hecho últimamente algunos políticos y los recaudadores de los fondos de aquella revolución, que se quedaron con el 75 por ciento de los donativos que se recaudaron para la causa, procedentes de todas las partes del mundo.
FILOSOFÍA AFORÍSTICA GROUXOMARXISTA (A la derecha el pensador)
La afición a la comida, que le hizo estar gordo ya desde niño, le venía de familia. El gusto por los dulces hizo que Verrochio, su primer maestro de pintor, escultor e ingeniero, le castigara por “crapulando” o tragón, además de a seguir un régimen para adelgazar, a pintar el ángel del panel de la izquierda del cuadro del Bautismo de Cristo que había sido encargado por la iglesia de San Salvi. Cuadro que hoy se encuentra en la Galería de los Uffizi de Florencia. La cocina fue su gran pasión, menor, si se quiere. Pero incluso es esto fue un adelantado a su tiempo. Como se sabe hoy los mejores “curriculums vitae” son aquellos que añaden a los conocimientos científicos, humanísticos o técnicos un hobby importante o un oficio manual.
Después de unos años de aprendizaje con Verrochio, se colocó de camarero de noche en una taberna llamada “Los Caracoles”. Estuvo sirviendo comidas, más la misteriosa muerte por envenenamiento de todos sus cocineros, en 1473, le permitió dedicarse plenamente a la cocina. En esta actividad intentó revolucionar la cocina tradicional. En la forma de entender los placeres de la mesa los italianos también dejaron sentir la huella de su influencia. En contraposición a la cantidad y brutalidad de los banquetes medievales, con despilfarro de todo lo que se colocaba sobre la mesa, que todavía estaba en vigor en aquella época, los italianos empezaron a introducir cordura y buen gusto en el comer. Actitudes inusuales hasta entonces. En Venecia se inventó y usó por primera vez el tenedor y se diseñan copas de cristal que sustituirán los pesados cuencos metálicos. Leonardo promovió en Florencia el uso de la servilleta. En el “Codex romanoff” Leonardo escribe: “La costumbre de mi señor Ludovico de amarrar conejos adornados con cintas a las sillas de los convidados a su mesa, de manera que puedan limpiarse las manos impregnadas de grasa sobre los lomos de las bestias, se me antoja impropia del tiempo y la época en que vivimos...” La alternativa era la servilleta que diseñó.
Sin embargo no fue fácil esa labor de moderación de las costumbres gastronómicas, de civilizar la forma de comer. Cuando Leonardo servía sus paltos, a base de pequeñas porciones de manjares exquisitos sobre pedacitos de polenta, los clientes se alborotaban, protestaban, golpeaban sobre la mesa. Reclamaban aquellas fuentes llenas a rebosar de grandes pedazos de carne a que estaban acostumbrados, y sin los cuales no se entendía un banquete. A la vista de éxito, y para salvar la vida, pues quisieron literalmente matarle, Leonardo, no tuvo más remedio que huir.
Unos años después, en 1478, abandonado el encargo pictórico más importante que había recibido hasta entonces (un retablo para la Capilla de San Bernardo del Palazzo Vecchio) abrió con su amigo el famoso también Sandro Boticelli un establecimiento que construyen con lienzos viejos del taller de Verrocchio, donde ambos habían sido aprendices, que llaman “La Enseña de las Tres Ranas de Sandro y Leonardo” Leonardo pinta un lado de la enseña que cuelga fuera del local y Botticelli el otro. Mas la elegante Florencia se niega a entusiasmarse con la “nouvelle cuisine. Sus excéntricas recetas no son aceptadas por la clientela. Sin embargo Leonardo pasa por un momento en que no quiere volver a los encargos de pintura. Pasa. Entonces vagó por las calles de Florencia, dibujando y tocando el laúd. Tenía 26 años y toda la vida por delante.
A los 30 años entró en la corte de Ludovico Sforza, “el Moro”duque de Milán, que le nombra Consejero de fortificaciones y maestro de festejos y banquetes de la corte. Planifica canales, plazas y edificios y cumple encargos como pintor. De esta época data el magnífico retrato de Beatriz d’Este, esposa de Ludovico.
Proyectó la cocina del Castillo de Milán con un sinnúmero de aparatos que inventó, para limpiar, moler, rebanar, pelar, cortar. También ideó un sistema para eliminar los tufos y malos olores y un ingenioso aparato para eliminar las ranas de los barriles de agua de beber; un asador automático para evitar que el personal estuviera dándole vueltas todo el día a los asados; circuitos para tener siempre agua caliente y una infinidad de aparatos más. También fue, pues, el precursor de los electrodomésticos culinarios. Mas los Sforza no le valoraban mucho en este orden, haciéndoles constantes encargos de otro tipo para tenerle apartado de las cocinas.
Aunque no tuviera éxito como cocinero en su época, algunos platos concebidos para los banquetes de los Sforza y la combinación de los alimentos que empleó para los bocetos previos de la “Última cena”, como criadillas de cordero a la crema, ancas de rana con verduras, muslos de focha con flores de calabacín, puré de nabos con rodajas de anguila, son de actualidad en las mejores mesas de los más distinguidos restaurantes.
Veinte años más tarde después de pasar por la Corte de Cesar Borgia, hijo del Papa Alejandro VI y hermano de la famosa Lucrecia y la de Luis XII de Francia, que estaba en Milán y tener como mecenas a Guillermo de Médici. El sucesor de Luis XII de Francia, que había conocido a Leonardo se había aficionado a los “spago mangiabile” (cordeles comestibles), hoy llamados espaguetis, inventados por Leonardo, lo llamó a su lado ofreciéndole su mecenazgo. Una renta elevada, un palacete para vivir, con su propia cocina donde trabajar, en Ambois, el valle del Loira, contiguo al gran castillo del rey Francisco I. Aquí pasó, nuestro genio, los tres últimos años de su vida, que vivió como siempre había deseado y nunca había conseguido hacer antes. Contemplando, eso sí, los cuadros que se había llevado consigo. El rey Francisco, era aficionado, en secreto, a la cocina de Leonardo y la visitaba continuamente para cocinar y comer. Incluso para facilitar las visitas de incógnito se construyó un túnel que unió el gran palacio real y la casa de Leonardo. El Rey Francisco I, que era duque de Milán, estaba empeñado en hacer de los espaguetis el plato nacional de Francia. En la corte se impuso como novedad que las damas y los caballeros compartieran la misma mesa. Lo que exigía cambiar el modo de comer. Con mayor razón si se tiene en cuenta que esa costumbre iba acompañada del uso de espléndidas vajillas de porcelana y cristalerías valiosas.


Para buscar la felicidad no es necesario arraigarse en una cultura concreta, bien definida, cerrada y menos por estimar que es propia por naturaleza; a la que pertenece porque ya fue antes de sus padres y de sus abuelos y, seguramente, de los padres y los abuelos de estos, o porque, de algún otro modo se está atado a ella como destino inexorable; quizá por una lengua, por una religión u otras creencias. No lo creo pero, ciertamente, hay quienes sí lo creen, siguiendo la idea que fue propia de la ciudad clásica, sin la que era imposible ser algo, ni siquiera verdaderamente hombre. Al hombre sin ciudad, solo, se le llamaba idiota… Era entonces preferible la muerte al destierro. Mas, los tiempos han cambiado y las sociedades se han abierto. Afortunadamente. Los humanes solos ya no son idiotas y están en grandes ciudades para humanes solos. Aquella soledad ya no existe. Ahora las soledades están bien acompañadas en las ciudades abiertas. No es necesario ya hacer caso a la llamada de ninguna de las entidades profundas que han apresado a la gente para sobrevivir y ser feliz, en lo que cabe serlo. Porque los humanes, aunque a veces no se tiene conciencia de ello, podemos ser lo que queramos ser, o por lo menos intentarlo, que no es necesariamente lo que la tribu (o cualquier otra entidad que se atribuye ese poder) nos reclama que seamos, con invocaciones a la historia y a las raíces. Sin percatarnos de que no tenemos raíces como los árboles y que la historia cuenta lo que ha ocurrido, no determina lo que ha de ocurrir. La libertada es la que podrá desarraigarnos de los atavismos. La libertad individual no admite las ataduras de pertenencia na(tural)cional, cultural o lingüística por necesidad u obligación metafísica. Solo las permite por libre decisión, voluntaria. La pertenencia a una nación democrática moderna, un estado de derecho, comporta un grado de sujeción que no es comparable sin ofender a la inteligencia con la sujeción nacionalista.
Los nacionalistas afirman que todos somos nacionalistas. Error, o mejor, falacia tan grave como decir que todas las sustancias de una farmacia pueden matar, lo que es obvio pero falso; pues lo que hace las sustancias venenosas, mortales, es la dosis. Puede llegar a haber multitud de redes invisibles y cadenas que pueden atrapar, lo mismo que falacias confundir. La huida, la escapada, el desembarazarse de esas redes no es tarea fácil. La vida y la obra de James Joyce, monstruo incomprendido tantas veces de la literatura universal, es un ejemplo, un símbolo de esa lucha, de la huida de la caverna, de la afirmación de libertad frente a las ataduras ambientales. Huye incluso del lenguaje convencional para inventarse otro a su medida. Es un símbolo que representa la escapada de las redes y de las falacias. Joyce era un irlandés que escribía en inglés (craso pecado), lo que le acarreó vivir acosado por los nacionalistas irlandeses de su época que le acusaban de falta de entusiasmo por la causa nacional irlandesa. Causa que, por razón de nacimiento y lengua materna, aquellos habían decidido que debía abrazar. Sin embargo aquella propuesta, tan corta de miras, no le resultaba nada atractiva. No solo la rechazó sino que con su obra cosmopolita y universal contribuyó a luchar intelectualmente contra ella. Era lo contrario a lo que hubiera sido de esperar de un buen irlandés según la tribu que le acosaba. “Cuando el alma de un hombre nace en ese país, se encuentra con unas redes arrojadas para retenerle, para impedirle la huida. Me estás hablando de nacionalidad, de lengua, de religión. Estas son las redes de las que yo he de procurar escaparme.” Lo escribió Joyce, pero muchos otros lo han firmado y lo seguimos firmando.
[1] ULTIMA HORA. 5 Enero 2005

A menudo aparecen artículos en la prensa o se realizan programas de radio o televisión que ponen de manifiesto que el “tema de la lengua”, en nuestra comunidad no se ha cerrado; a pesar de que hace veinticinco años que empezó supuestamente a hacerse. Carlos Delgado ha demostrado últimamente lo fácil que es reabrirlo. En realidad lo que se cierra mal, como es el caso, no puede afirmarse que realmente esté cerrado.
Una de las pruebas que más evidencian el problema a que me refiero es la afirmación de que nuestra comunidad es bilingüe. Lo estblece el Estatuto de autonomía. Pero decirlo puede resultar un anatema imposible de expiar en algunos ambientes, si no es al precio de cambiar inmediatamente de opinión, confesarse del pecado, hacer penitencia y promesa de enmienda.
Afirmar el bilingüismo de nuestra comunidad implica que los que tienen la lengua como identidad le tilden a uno no solo de derechas, lo que no tendría ninguna importancia; es solo una tontería; (pues se han olvidado las razones económicas que fueron propias de la dialéctica derechas izquierdas), sino también de reaccionario y de facha… Lo que impide que ni siquiera pueda leerse el Estatuto de autonomía en voz alta sin riesgo de ser insultado. Todo porque (es una de las razones más importantes), nuestras dos lenguas no están al mismo nivel de uso. Exigencia que no suelen poner los diccionarios al definir el término. Basta, en general, para ser culturalmente bilingüe, usas habitualmente dos lenguas. Mas, los identitaristas son más papistas que el papa.
Persiste entre nosotros el problema lingüístico porque a la lengua, se diga lo que se diga, no se la viene tratando como una expresión cultural. Si se afronta la lengua como cultura, el saber no ocupa lugar, por lo que, cuantas más lenguas se posean, aunque sea a distintos niveles, como suele ocurrir en la realidad, mejor; mayor capacidad comunicativa tendremos; más cultos seremos. Cada lengua será una puerta abierta a otro espacio de nuestro mundo. Ser bilingüe, desde el punto de vista cultural, es una enorme riqueza.
Sin embargo, si se considera la lengua, como la consideran los identitaristas, como seña, sagrada, de identidad de una comunidad, que debe preservar su pureza de contaminaciones extrañas; y extrañas, si no enemigas, son, en este sentido, las demás lenguas que compiten en el mismo mercado lingüístico; podremos empezar a comprender lo que está ocurriendo, el por qué todavía a estas alturas tenemos problemas lingüísticos, todavía se suscitan las cuestiones que se suscitan con relación a las lenguas que nos son propias. Comprenderemos por qué se rechaza el bilingüismo. Comprenderemos el problema de fondo.
Resulta que con la identidad que se atribuye a los catalanoparlantes, de forma interesada y sectaria, se pretende, por parte de los partidos nacionalistas catalanistas que todos los catalanoparlantes, por esa razón precisamente, sean miembros de una especie de “cuerpo místico” nacional ideal llamado “Països catalans”. Con lo que el problema está servido, porque en nuestra comunidad hay una mayoría social que no está por esta labor. Con ello, es evidente que el tema de la lengua deja de ser cultural para ser estrictamente político. Es lo que está ocurriendo. Hay unos partidos nacionalistas que tienen como objetivo político, programa máximo o utopía, la construcción de esa patria catalana separada de España, en la que se quiere que todos los territorios que tienen como lengua propia la catalana participen. Ente al que debe pertenecer necesariamente (se plantea como exigencia metafísica o religiosa) todo bien nacido en esa tierra, adecuadamente normalizado, para no traicionar la historia (aunque sea inventada "ex profeso")…
La lengua, al utilizarse de ese modo, al servicio de la política nacionalista, se convierte, pues, en un instrumento de separación en vez de serlo de unión. Desde este punto de visto la lengua española estorba profundamente y dificulta enormemente una idea de normalización que tiene como finalidad tácita la sustitución de la lengua castellana por la catalana. Se diga lo que se diga de puertas afuera. Basta ser buen observador.
Si lo que envolviera la lengua fuera la cultura y la normalización lingüística fuera aditiva en vez de sustitutiva, no pasaría lo que está pasando. Y si cuando se pide unidad de la lengua no se encubriera que realmente se está pidiendo unidad política, no habría las reticencias que hay para reconocerla. Pero a uno le duele que le tomen el pelo y más si ya le queda poco.
[i] Publicado en EUROSALMON, en Junio 2004. (Reeditado para el blogg con referencias a la actualidad sobre la cuestión que ha introducido Carlos Delgado)

Cuando, a principio de los años ochenta, escuchamos a Guerra decir que “A España no la va a conocer ni la madre que la parió” no teníamos ni idea de hasta que punto era una premonición. Aunque quien cumple el vaticinio es el segundo de los presidentes socialistas que ha dado nuestra democracia, un cachorro silencioso entonces, cuando “l’enfant terrible” del felipismo decía aquellas cosas. Quienes no nos habíamos fiado de las, que considerábamos, malas lenguas todavía no les conocíamos… Después, algunos llegamos a la conclusión de que aquellos mal pensados, aquellas malas lenguas, se habían quedado cortos, muy cortos. Aquellos primeros socialistas de la nueva democracia eran también republicanos sin república, los de hoy además lo son sin sentido. Republicanos curiosos que aceptaron la monarquía... Era, en realidad, una monarquía republicana…
Todavía recuerdo la imagen, que no se ha prodigado en absoluto hasta ahora, de la apertura de las primeras cortes en las que los socialistas estuvieron, de pie –eso sí- pero sin aplaudir al rey, permaneciendo ostensiblemente con los brazos caídos. Los socialistas, después de la muerte de Franco, habían propugnado llo que llamaron “ruptura democrática” y la república. Entonces estaban y siguen estando, sin embargo, acomodados en la la monarquía. Era cuando todavía se auto identificaban con los “cien años de honradez” (Los que habían estado sin tocar poder), y que durante el felipismo se añadió al eslogan, a modo de chascarrillo: “pero ni un minuto más”. Pronto, es de esperar, que en esta vorágine de cambio zetapeino le vaya a tocar el turno a la forma de Estado. Zapatero es republicano como su abuelo. Entonces regía la dialéctica monarquía o república. Hoy esa no es, en absoluto la cuestión, pero con la “memoria histórica” se pueden hacer muchas fantasías para entretener el personal en tiempos de crisis.
Ya se han emitido, en la pasada legislatura, algunos balbuceos republicanos. Se han sacado a pasear banderas tricolor, quemado fotos de la familia real y pronunciado discursos. No se canta como en los primeros tiempos “Mañana España será republicana”, pero en cualquier momento puede volver a hacerse. No es difícil ser republicano en España. Solo hace falta decirlo. La fuerza del lenguaje es ecreadora… Durante la primera república se cantaba:
Si la república viene
no habrá quintos en España.
Por eso aquí hasta la Virgen
Se vuelve republicana.
La canción se refería a una de las principales motivaciones de la adhesión popular a la primera República española (1873). El republicanismo en la España contemporánea data de 1869. En realidad nunca hemos dejado de ser republicanos. Si embargo hemos sido unos republicanos muy curiosos. Casi siempre hemos estado sin república. Quizá ha sido por eso que lo hemos seguido siendo. La república ha funcionado políticamente, para algunos, como la novia platónica que nunca se consiguió y que por esa ignorancia se la deseó toda la vida, confrontándola con la mujer real, a la que se hartó con estúpidas comparaciones con la hipotética perfección del ideal.
Las experiencias republicanas han sido de lo más efímero y trágico de nuestra historia. La primera república por lo menos se proclamó en sede parlamentaria el mismo día que se aceptó la abdicación de Amadeo de Saboya, pero no duró ni once meses. Fue además una época convulsa con cuatro presidentes y un jefe de gobierno que algunos, antes de la aventura republicana, habían querido hacer rey, y que para nada apreciaba la república. Fue una época en lque se produjeron las insurrecciones cantonalistas, que revivían la emoción de la Comuna de París. El grito de ¡Viva Cartagena! (Alcoy y otros lugares), hizo estragos además del ridículo…Se conspiraba y agitaban las masas. El propio presidente de la I República, Pi y Margall, en un discurso parlamentario dijo: “Si la República hubiera venido de abajo arriba, las provincias habrían empezado a constituirse en cantones y hubiera desaparecido el Poder central.” Son las palabras de un jefe de Estado ácrata… Curioso, como un obispo ateo...
Republicana es la luna,
Republicano es el sol,
Republicana mi novia,
Republicano soy yo.
Esta canción es de la siguiente época republicana. Durante la II República española los niños cantaron esa canción; más realista que la primera… (No se refiere a la Virgen, por supuesto). Además quien suprimió la ”mili” obligatoria, un siglo y un cuarto más tarde, fue Aznar…
La II República se proclamó de modo diferente. No fue en sede parlamentaria, sino en la calle. Se hizo con mayor emoción revolucionaria. Los republicanos siempre han afirmado que la II República entró de modo pacífico y por las urnas. Sin embargo no por mucho repetido por unos es cuestión pacífica entre los historiadores. No fue tan pacífico su advenimiento como se quiere suponer. En Jaca se había intentado un golpe militar para proclamarla; y en cuanto al aspecto electoral, no puede ignorarse que las elecciones que la llevaron a puerto fueron unas municipales (impropias para tal fin) y que, además, no las ganaron (por número de concejales elegidos) los republicanos. Fue el monarca que prefirió retirarse ante lo que intuyó podía ocurrir. El 14 de abril, sin trámite, expeditivamente, por la vía de los hechos, las autoridades de Madrid fueron expulsadas enérgicamente de sus cargos. No hubo continuidad institucional.
Mas, por poco que se piense se ve que no podía hacerse de otro modo habida cuenta las circunstancias.Entre el día electoral y la proclamación de la república apenas transcurrieron dos días. Companys en el ayuntamiento de Barcelona expulsó a las autoridades sin esperar al traspaso de poderes y Maciá imitó a Companys ocupando la Diputación, donde proclamó la República catalana dentro de la Federación ibérica; cuando nadie en el Pacto de San Sebastián había hablado de federalismo. Con la advertencia de que quien perturbara el orden de la naciente República catalana sería considerado como un agente provocador y como un traidor a la patria. “La marsellesa” era cantada o tatareada, mientras se gritaba: “Visca Maciá, mori Cambó”. Sin embargo idílicamente la llamaron la “niña bonita”…Mas, como escribió Salvador de Madariaga: “no le vendría mal como epitafio: Entre todos la mataron y ella sola se murió” y que “la república iba de mal en peor y que no valía intentar consolarse con la comodísima explicación de que todo se debía a esos malditos reaccionarios, porque en mi opinión y experiencia no eran menos responsables los de la izquierda”.
Hoy, con todo lo que sabemos (o podemos saber) empeñarse en postular la idea de la II República española tiene delito. Es cuando menos, insólito. Pues reivindicar, querer revivir, lo que terminó no solo en fracaso estrepitoso sino en tragedia cívica y social, en cruenta guerra civil, es ciertamente incomprensible. Es cosa de republicanos, por lo menos curiosos. Si se quiere una república, cosa que no hay por qué descartar ni dejar de hacerlo; en el mundo hay muchos ejemplos y mejores. Si en nuestra historia no encontramos el ejemplo que buscamos podemos tomar la referencia que queramos, no estamos atados ni siquiera a nuestro pasado. Somos libres. Yo, por ejemplo, preferiría, en su caso, la república francesa.
El día menos pensado podemos empezar a escuchar que quienes creen en la mallorquinidad de Cristóbal Colón son “fachas” (“ultraderechistas” o “fascistas”). Para ello, solo haría falta que la consigna de la progresía fuera mantener a todo trance que Colón era genovés o de cualquier otro lugar. Pues, “facha”, por la ligereza en su uso, conceptualmente ha venido a significar: “ lo que se dice para insultar a quien se opone o discrepa, aunque sea levemente, de algún criterio o cuestión mantenida como verdad por la “progresía” (comprensiva de la “izquierdona”y los “nacionalistones”). Es lo que ocurre actualmente con quienes les gusta seguir llamando mallorquín a la lengua que se ha hablado y habla en Mallorca, y se atreven, en ejercicio de la libertad y el pluralismo, a decirlo. No importa que lo piense un sesenta y dos por ciento de la población, según una recientísima encuesta; claro que encargada por Carlos Delgado… Y ya se sabe… Dirán, sonriendo como quien va perdonando vidas; para desacreditarla. Pero poco conseguirán porque el argumento “ad hominem” es el peor de los argumentos. Es más, ni siquiera es un argumento. Es un sofisma, o una falacia, usada a modo de escupitajo. Algo desagradable, asqueroso, que la mayoría, para evitar el asco que produce, evitan pronunciarse sobre lo que los desencadena.
Eso me ha venido a la mente después de leer el artículo de Carlos Delgado “¿Por qué Balear?”, referido a nuestra lengua. Una tesis interesante. Pero, de momento, una causa perdida por y para nuestra generación. Son inútiles, pues, los argumentos y las citas que Delgado hace en apoyo de sus tesis. Ni que vinieran avaladas por el Papa servirían para mucho. La Universidad a la que hemos concedido el derecho de aprobar y suspender en esas cosas, hoy por hoy no las aprobará. No hay el menor peligro. Si viniera el caso ejercería su derecho, aunque fuera desviando el poder; porque no me cabe duda que hoy la razón última de la decisión, en esta materia, nada tendría que ver con el conocimiento o la ciencia y mucho con la ideología política imperante entre quienes detentan ese derecho de aprobasr y suspender y de otorgar licencias académicas.
Ante esta situación, no es resignación lo que postulo. En absoluto. Pero sí paciencia. Paciencia porque lo hemos hecho estrepitosamente mal y ahora sufrimos las consecuencias y no podremos solucionarlo a corto plazo. Hemos aceptado lo inaceptable y ahora se puede invocar como ley lo que no hemos querido nunca, pero que estúpidamente hemos consentido nos fuera dado como norma jurídica. Al PP, que era el único partido con quien se debía haber podido confiar en eso, también hay que afearle la conducta negligente y la traición a una tradición que finalmente, con su concurso, fue derogada por la ley. Deberemos esperar que sea una generación futura la que enderece el entuerto. Muchos a quienes nos hubiera gustado verlo, lo más seguro es que no lo veamos, pero debemos confiar en que el aceite termine flotando sobre el agua por ser de ley, y al final termine imponiéndose. Porque las tesis de Carlos Delgado, formuladas en su artículo citado, lo más seguro es que terminen triunfando, pero tengo la fundada sospecha que no será por ahora, por lo que he indicado. No discurren tiempos propicios.
“”Hace sesenta años se produjo un acontecimiento de consecuencias terribles para el futuro de la medicina, la biología y en general la ciencia de la URSS. Trofim Denísovich Lysenko, desde la Academia de Ciencias Agrícolas de la Unión, impuso como credo para los biólogos, botánicos, zoólogos y agrónomos del país sus teorías: la biología debía enseñarse con criterios michurianos, el nombre que Lysenco daba a sus teorías. Había aplicado las teorías de Mendel, pero viendo que el poder de los genes y cromosomas era una mentira burguesa. Mendel y sus seguidores sostenían en Occidente que las características de los seres vivos se basaba en la herencia, olvidando el medio ambiente. En cambio él afirmaba que la herencia era un factor secundario y que las condiciones externas determinaban la pervivencia o extinción de plantas y animales. A diferencia de los biólogos capitalistas, él había desentrañado los secretos de la evolución. Su fama fue inmediata. Combinando el materialismo dialéctico con las ideas de Michurin. Lysenko había descubierto el gran error del darwinismo: pues no había competencia en el interior de las especies. (Eso es un valor burgués que Lysenko no admitía ni en las ciencis naturales) Solo los científicos imperialistas podían asegurar que la naturaleza era un campo de batalla. Como director del Instituto Genético de Odessa, desde 1929 Lysenko inició su cruzada a favor de la biología proletaria. Uno de los primeros en darse cuenta de la "genialidad" fue el académico Isaac Prezent, quien se convirtió en el vocero y filósofo oficial del "Darwinismo creativo”, como rebautizó a las teorías de Lysenko. Muy pronto cualquier argumento a favor de la genética occidental fue considerado una traición a la patria y al partido. Unos meses antes del inicio d la Segunda Guerra Mundial, Beria solicitó a Stalin la detención de Nikolái Ivánovich Válilov, Director del Instituto de Cultivo de Plantas y del Instituto de Genética, enemigo acérrimo de Lysenko…””.
Ese fanatismo retrasó medio siglo la biología en lo que fue la URSS.
(La cita,que he resumido, es de Jorge Volpi, de su obra, “No será la tierra”).
