miércoles, 16 de abril de 2008

LA LENGUA, COMO CULTURA O COMO IDENTIDAD[i].


A menudo aparecen artículos en la prensa o se realizan programas de radio o televisión que ponen de manifiesto que el “tema de la lengua”, en nuestra comunidad no se ha cerrado; a pesar de que hace veinticinco años que empezó supuestamente a hacerse. Carlos Delgado ha demostrado últimamente lo fácil que es reabrirlo. En realidad lo que se cierra mal, como es el caso, no puede afirmarse que realmente esté cerrado.

Una de las pruebas que más evidencian el problema a que me refiero es la afirmación de que nuestra comunidad es bilingüe. Lo estblece el Estatuto de autonomía. Pero decirlo puede resultar un anatema imposible de expiar en algunos ambientes, si no es al precio de cambiar inmediatamente de opinión, confesarse del pecado, hacer penitencia y promesa de enmienda.

Afirmar el bilingüismo de nuestra comunidad implica que los que tienen la lengua como identidad le tilden a uno no solo de derechas, lo que no tendría ninguna importancia; es solo una tontería; (pues se han olvidado las razones económicas que fueron propias de la dialéctica derechas izquierdas), sino también de reaccionario y de facha… Lo que impide que ni siquiera pueda leerse el Estatuto de autonomía en voz alta sin riesgo de ser insultado. Todo porque (es una de las razones más importantes), nuestras dos lenguas no están al mismo nivel de uso. Exigencia que no suelen poner los diccionarios al definir el término. Basta, en general, para ser culturalmente bilingüe, usas habitualmente dos lenguas. Mas, los identitaristas son más papistas que el papa.

Persiste entre nosotros el problema lingüístico porque a la lengua, se diga lo que se diga, no se la viene tratando como una expresión cultural. Si se afronta la lengua como cultura, el saber no ocupa lugar, por lo que, cuantas más lenguas se posean, aunque sea a distintos niveles, como suele ocurrir en la realidad, mejor; mayor capacidad comunicativa tendremos; más cultos seremos. Cada lengua será una puerta abierta a otro espacio de nuestro mundo. Ser bilingüe, desde el punto de vista cultural, es una enorme riqueza.

Sin embargo, si se considera la lengua, como la consideran los identitaristas, como seña, sagrada, de identidad de una comunidad, que debe preservar su pureza de contaminaciones extrañas; y extrañas, si no enemigas, son, en este sentido, las demás lenguas que compiten en el mismo mercado lingüístico; podremos empezar a comprender lo que está ocurriendo, el por qué todavía a estas alturas tenemos problemas lingüísticos, todavía se suscitan las cuestiones que se suscitan con relación a las lenguas que nos son propias. Comprenderemos por qué se rechaza el bilingüismo. Comprenderemos el problema de fondo.

Resulta que con la identidad que se atribuye a los catalanoparlantes, de forma interesada y sectaria, se pretende, por parte de los partidos nacionalistas catalanistas que todos los catalanoparlantes, por esa razón precisamente, sean miembros de una especie de “cuerpo místico” nacional ideal llamado “Països catalans”. Con lo que el problema está servido, porque en nuestra comunidad hay una mayoría social que no está por esta labor. Con ello, es evidente que el tema de la lengua deja de ser cultural para ser estrictamente político. Es lo que está ocurriendo. Hay unos partidos nacionalistas que tienen como objetivo político, programa máximo o utopía, la construcción de esa patria catalana separada de España, en la que se quiere que todos los territorios que tienen como lengua propia la catalana participen. Ente al que debe pertenecer necesariamente (se plantea como exigencia metafísica o religiosa) todo bien nacido en esa tierra, adecuadamente normalizado, para no traicionar la historia (aunque sea inventada "ex profeso")…

La lengua, al utilizarse de ese modo, al servicio de la política nacionalista, se convierte, pues, en un instrumento de separación en vez de serlo de unión. Desde este punto de visto la lengua española estorba profundamente y dificulta enormemente una idea de normalización que tiene como finalidad tácita la sustitución de la lengua castellana por la catalana. Se diga lo que se diga de puertas afuera. Basta ser buen observador.

Si lo que envolviera la lengua fuera la cultura y la normalización lingüística fuera aditiva en vez de sustitutiva, no pasaría lo que está pasando. Y si cuando se pide unidad de la lengua no se encubriera que realmente se está pidiendo unidad política, no habría las reticencias que hay para reconocerla. Pero a uno le duele que le tomen el pelo y más si ya le queda poco.



[i] Publicado en EUROSALMON, en Junio 2004. (Reeditado para el blogg con referencias a la actualidad sobre la cuestión que ha introducido Carlos Delgado)

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